En la última semana de mayo, nuestros 84 niños que se prepararon con tanto amor para su Primera Comunión vivieron un momento muy especial: su primera confesión. Fue una semana llena de emociones, de nervios, de ilusión... pero sobre todo de gracia.
Gracias a nuestros tres sacerdotes misioneros claretianos, el Padre René Pérez Díaz, nuestro asesor de catequesis, el Padre Vicente Cancino Ordoñez y el Padre Irenius Banggun, los niños vivieron su primera reconciliación con Dios en un ambiente lleno de paz, respeto y ternura. Durante cuatro días, nuestros sacerdotes dedicaron tiempo para conversar con los pequeños, escucharlos, prepararlos y darles confianza. Realmente, los ayudaron a perder el miedo y a abrir su corazón.
Antes de confesarse, los niños participaron en un pequeño acto de contrición, un momento sencillo y profundo para prepararse desde el alma. Poco a poco, los nervios se convirtieron en tranquilidad, y cuando llegó el momento, entraron con paso firme a recibir el sacramento. Al salir, sus caritas reflejaban una paz inmensa, una alegría serena… y el amor de Dios.
Como catequistas, nos sentimos agradecidas y honradas de haber acompañado a cada uno de estos pequeños. Nuestro objetivo era que vivieran su primera confesión no como un momento de tensión, sino como un encuentro bonito con Jesús misericordioso. Y sí, creemos de corazón que se logró.
Agradecemos también a las familias, quienes desde casa los ayudaron a repasar los pasos para una buena confesión: hacer examen de conciencia, sentir dolor por los pecados, tener propósito de enmienda, decir los pecados al sacerdote y cumplir la penitencia. Todos cumplieron este camino con mucha seriedad, pero también con una alegría que nos llenó el alma.
Nos llena de emoción saber que su primera reconciliación quedó en sus corazones como una experiencia tierna, profunda y serena. Gracias a todos los que hicieron posible esta semana de gracia. ¡Dios siga bendiciendo a estos pequeños corazones que se preparan para recibir a Jesús por primera vez!