El pasado domingo 11 de agosto se llevó a cabo la conclusión de un curso de monaguillos en la capilla de la Inmaculada Concepción, también conocida como la capilla de la Rosita, fue impartido por Candy Rodarte, catequista, en colaboración con René Tello, el nuevo coordinador de monaguillos.
Su dedicación y esfuerzo contribuyeron a la formación integral de los niños,
preparándolos para servir con alegría y compromiso en la capilla.
Fue una experiencia enriquecedora para los niños que participaron. Este curso se desarrolló inmediatamente después de la finalización del catecismo, permitió a los niños continuar su formación religiosa de manera práctica y vivencial. La continuidad con los mismos niños del catecismo fomentó un ambiente familiar y de confianza, permitiendo que los niños se sintieran cómodos y motivados a aprender.
El curso se centró en la preparación de los niños para servir como monaguillos en las misas, enseñándoles los roles y responsabilidades que conlleva esta labor. Los niños aprendieron a conocer la figura del monaguillo, su historia, su importancia en la liturgia y las diferentes funciones que desempeña durante la misa. Se les explicó la importancia de su servicio, como participantes activos en la celebración eucarística.
Además de la formación teórica, el curso incluyó una parte práctica donde los niños aprendieron a manejar los objetos litúrgicos, como el copón, el cáliz y otros elementos esenciales para la celebración de la misa. Se les enseñó el nombre y la función de cada objeto, así como las precauciones que deben tener al manipularlos.
Los niños también se familiarizaron con las diferentes partes de la misa, desde la entrada hasta la comunión, aprendiendo las oraciones y la liturgia de cada etapa. Se les explicó el significado de cada acción y la importancia de la participación activa de los fieles en la celebración.
Las clases lograron despertar en los niños un mayor interés por asistir a la misa, lo que indica una conexión más profunda con la fe y una mayor participación en la vida litúrgica de la comunidad.
La emoción que experimentaron al participar en la misa es un testimonio de la transformación que el curso generó en ellos. La alegría y la entrega con la que los niños servían como monaguillos era evidente, reflejando un genuino interés por servir a Dios y a la comunidad.
El curso de monaguillos fue un éxito, ofreciendo a los niños una experiencia formativa y significativa que les permitió crecer en su fe y desarrollar un sentido de servicio a la comunidad.
No sólo les brindó conocimientos sobre la liturgia, sino que también les permitió experimentar de manera tangible el significado de la fe y la importancia de la participación activa en la vida de la Iglesia.
Oremos por estos niños que, con su servicio como monaguillos, contribuyen a la belleza y solemnidad de la celebración eucarística, y que su fe siga floreciendo cada día. Que el Señor los siga guiando en su camino de fe y les conceda la gracia de seguir sirviendo con alegría y entusiasmo a su comunidad.