El 30 de mayo, la comunidad se congregó en una conmovedora procesión de Corpus Christi que partió desde la capilla del Cerro de la Cruz hasta la Parroquia de Guadalupe en un acto de profunda devoción y fe. Durante el trayecto, el Santísimo Sacramento fue venerado en siete altares dispuestos estratégicamente a lo largo del recorrido, creando momentos de recogimiento y conexión espiritual para los participantes. A medida que la procesión avanzaba, la atmósfera se impregnaba de emoción y respeto. Cada altar representaba un punto de encuentro entre la comunidad y la presencia divina, donde los fieles se detenían con reverencia para adorar al Santísimo y ofrecer sus plegarias en un gesto de devoción sincera.
El momento culminante de la procesión fue la llegada del Santísimo a la Parroquia de Guadalupe, donde fue recibido con solemnidad y reverencia por los presentes. La comunidad, unida en su fe, expresaba su gratitud y admiración ante la presencia de Cristo en medio de ellos, creando un ambiente de recogimiento y comunión espiritual.
En esta ocasión especial, se reflexionó sobre la vocación en la Familia Claretiana y se pidió por más vocaciones en toda la Iglesia, especialmente a la familia misionera. Además, hubo una destacada participación de distintos grupos Pastorales, incluyendo la capilla del Cerro de la Cruz, MESE, capilla de la Inmaculada, catequesis, Cáritas, Soliemp y liturgia, quienes se unieron en oración y devoción durante esta significativa procesión de Corpus Christi.
La procesión de Corpus Christi no sólo fue un acto de fe y devoción, sino también un testimonio de la profunda conexión espiritual que une a la comunidad en su amor por el Santísimo Sacramento. Cada paso dado en la procesión, cada altar visitado, fue un recordatorio del sacrificio de Cristo y un llamado a renovar la fe y el compromiso con la comunidad cristiana.