Siendo joven, no entendía nada de iglesias, grupos, coros, misas etc. No sabía cuál era mi congregación. Pasaba el tiempo, voy a mi grupo juvenil, empiezo a conocer mi religión… cosas extrañas empiezan a pasar en mi corazón y es ahí cuando empiezo a decir ¡estoy aquí por un motivo! Pero siendo jóvenes también pasamos por momentos difíciles, confusos, o sólo no queremos saber nada.
¿Crisis espiritual? o es que, ¿acaso el mundo me ofrece algo más? ¿Dios en verdad me escucha? ¿Qué quiere tu hijo Jesús de mí? ¿Seguiré cargando esta cruz en mi pecho? Tantas y tantas preguntas en silencio...
Claret, no sé quién eres, pero te mencionan tanto en mi iglesia. Hoy fui testigo de tu vida, hoy conozco al verdadero Claret, y sé que tú también le preguntaste a Dios ¿Padre que quieres de mí? Con tanta fe tomas el rosario y en silencio te entregas a Dios. Caminas, eres perseguido, te acusan y sigues de pie, caminado.
¡Claret, qué grande es tu fe! Sé que tienes miedo, pero también nos enseñas que, como todo buen hijo buscas los brazos de nuestra Madre María. Hoy, no sólo me enseñas lo que es ser Misionero, si no, a entregarse a la humildad y al prójimo con amor a Jesucristo.
Claret, intercede por nosotros que siendo jóvenes necesitamos de esa fe tan grande que tuviste para vencer cada obstáculo, dame de tu paciencia, de tu sabiduría y ayúdame a buscar la misión para predicar con amor la palabra de Dios Padre.